Al construir marca, muchas empresas acuden en la actualidad a los influenciadores, decisión que a veces se hace a la ligera. No consideran que hay mucho en juego en esa decisión y que un mensaje equivocado puede generar pérdida de credibilidad, la cual luego es difícil de recuperar.
Dice Laura Matilla, especialista en el tema en la agencia española Ruido Fino, que el error más común que cometen muchas marcas es pensar que “cualquiera lo hace”. Tener un perfil con miles de seguidores no es suficiente, acumular likes tampoco, hay que ir más adelante para posicionar marca, generar fidelidad y lograr que el producto se conozca mejor. Más allá, el seguidor debe sentir que la información que recibe le aporta conocimiento o elementos para tomar decisiones.
Hoy es claro que el oficio de un influenciador requiere de conocimiento del tema, de experticia en redacción, de especialización para que aporte y no reste. Para que sea creativo y motivador, para ganar alcance en redes sociales con un público realmente interesado y fortalecer relaciones
Al desarrollar contenidos aplican las preguntas básicas del periodismo: qué, cómo, cuándo, dónde, por qué. Condimentadas las preguntas y respuestas con elementos gráficos y sonoros que respeten derechos de autor y que sean pertinentes para lograr la notoriedad buscada, la credibilidad necesaria para permanecer, la eficiencia que permita lograr los objetivos con el presupuesto asignado y, finalmente, pero que es el propósito grueso, fortalecer marca y consumo, darle solidez a la empresa, llegar a nuevos clientes.
Laura Matilla dice que según el B2B Marketer Report 2024 de LinkedIn, el 68% de los responsables de mercadeo asegura que los influenciadores les ayudan a conseguir clientes de mayor calidad que con otros métodos tradicionales. Pero que ese porcentaje se logra solo cuando la colaboración está bien elegida.




